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El exconsejero jurídico de López Obrador y su entorno, señalados por extorsión y tráfico de influencias por el abogado Juan Collado

Tres abogados y un asesor financiero, vinculados a Julio Scherer, enfrentan acusaciones además de asociación delictuosa y lavado de dinero

Juan Collado, conocido como el abogado del poder en México, ha levantado el dedo para señalar. En la cárcel de manera preventiva desde julio de 2019, Collado ha apuntado al exconsejero jurídico de Presidencia, Julio Scherer, y cuatro abogados de su entorno por extorsión, tráfico de influencias, asociación delictuosa y lavado de dinero. De acuerdo con la denuncia, dada a conocer por Animal Político y Reforma, los abogados que le defendían presumían de tener un vínculo cercano al entonces funcionario y le pidieron hasta 2.000 millones de pesos —unos 97,8 millones de dólares— para tramitar su salida de prisión. Algunos miembros del despacho que le defendía enfrentaba este lunes una audiencia por esta causa, pero se pospuso hasta el 8 de marzo. El exconsejero del presidente Andrés Manuel López Obrador ha desmentido en Twitter las acusaciones.

Collado cayó en prisión hace más de dos años por acusaciones de lavado de dinero y delincuencia organizada. Hasta entonces había representado a los poderosos del país, entre ellos el expresidente Enrique Peña Nieto, en su divorcio, y a Raúl Salinas de Gortari, hermano del exmandatario. La denuncia contra el exconsejero describe ahora un modus operandi supuestamente articulado desde el poder: una serie de abogados cercanos al consejero judicial de Presidencia ofrecían beneficios a cambio de dinero, garantizados de alguna forma por estar coludidos con el funcionario.

Según relatan los medios que dieron a conocer la noticia durante el fin de semana, el documento señala que a través de los abogados que defendían a Collado, entre ellos Juan Antonio Araujo, quien admitió haber trabajado en el pasado con Scherer, se le dijo que la única forma en la que podría salir de la cárcel sería vendiéndoles una empresa de su propiedad, Caja Libertad, a un precio muy por debajo de lo real. Además de Araujo, están vinculados al caso los abogados César Omar González Hernández, Isaac Pérez Rodríguez y David Gómez Arnau.

La acusación, presentada ante la Fiscalía el pasado octubre, agrega que Collado les dio 10 millones de pesos para frenar una investigación en su contra que llevaba adelante la Unidad de Inteligencia Financiera. Además, asegura haberles pagado 1,3 millones de dólares para dejar la prisión y haber acordado un pago final de 2.000 millones de pesos en forma de acuerdo reparatorio, una modalidad que se ha visto en los grandes casos judiciales de este sexenio, como el de rey del acero, Alonso Ancira, defendido por el mismo despacho y que salió de la cárcel tras pagar 216 millones de dólares.

En respuesta a lo difundido, Scherer desmintió las acusaciones en Twitter y dijo que se trataban de “inferencias de mala fe”, aunque admitió haberse reunido con los hijos de Collado. “En efecto, recibí a los hijos del señor Collado a solicitud expresa de ellos”, publicó. “Turné el asunto a la Fiscalía General de la República, por ser de su competencia. No conozco personalmente al señor Collado, ni estoy enterado de las conversaciones de éste con sus abogados”, se defendió.

Araujo Riva Palacio —quien también rechazó los señalamientos—, González Hernández, Pérez Rodríguez y Gómez Arnau enfrentaban este lunes las acusaciones de la Fiscalía por esta denuncia en una audiencia donde estuvo presente Juan Collado, según confirmó su abogado. Consultado sobre el tema, el presidente ha negado que la salida de Scherer del Gobierno en septiembre pasado haya estado relacionada con esta denuncia y dijo estar de acuerdo con que se investiguen los señalamientos. “Si hay esta denuncia, pues que la misma Fiscalía investigue si el señor fue, como dice, sobornado o amenazado”, declaró López Obrador.

Collado había mandado una carta al presidente en diciembre de 2020 solicitándole que Scherer fuera el intermediario para negociar un acuerdo de reparación. “Tenemos mucha fe en que el licenciado Julio Scherer Ibarra pueda ser el canal, si usted otorga su consentimiento, para encontrar una forma jurídica alterna para solucionar los diversos procesos que tengo en mi contra”, decía la misiva, publicada por el diario Reforma. “Deseo expresar mi compromiso para acudir a la justicia penal restaurativa e iniciar la celebración de los acuerdos reparatorios para concluir satisfactoriamente en el marco de la ley mis expedientes”, agregaba.

El exconsejero jurídico y su entorno enfrentan otras acusaciones que relatan el mismo modus operandi. El abogado Paulo Díez Gargari, por ejemplo, les denunció a principios de febrero por asociación delictuosa, ejercicio ilícito del servicio público y tráfico de influencias. La acusación era contra Scherer por haber creado una red de funcionarios públicos, abogados y asesores financieros que ofrecían “beneficios indebidos”. Entre quienes se beneficiaron de esta red, dice Díez Gargari, está Aléatica, antes OHL, una empresa española conocida por su largo historial de acusaciones de corrupción en México.

Collado, por su parte, permanece en prisión sin sentencia. Fue detenido en un restaurante de Ciudad de México hace dos años y medio por los delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita. La justicia investigaba al jurista por supuestamente formar parte de un entramado ilícito que habría movido decenas de millones de pesos en México, España y Andorra. Este periódico reveló en junio pasado que Collado había cobrado entre 2009 y 2013 en cuentas bancarias en el Principado europeo 45,9 millones de dólares de empresas utilizadas por el Cartel de Sinaloa para lavar dinero. Además, según pudo saber EL PAÍS, tanto la hermana como el cuñado del jurista escondieron millones de euros en una cuenta en la Banca Privada d ‘Andorra.

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Cultural

Los ataques de la Alemania nazi que llevaron a México a entrar en la Segunda Guerra Mundial hace 80 años (y el momento transformador que generó para el país)Pero el suceso a la postre también representaría un parteaguas de una época transformadora para la sociedad y economía mexicana. “Si algo cambió la cara de México en el siglo XX, fue la entrada a la Segunda Guerra Mundial”, le dice a BBC Mundo el historiador César Valdez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Y es que el hundimiento del Potrero del Llano -y otro buque más, el Faja de Oro, siete días después- llevaron al México de la preguerra, con un desarrollo lento, a industrializarse y sentar las bases de lo que hoy es un vigoroso intercambio económico con Estados Unidos. Una potencia con la que comparte frontera y que hasta ese entonces despertaba un gran sentimiento de antagonismo entre los mexicanos de la época. Los hundimientos México, al igual que muchos países de América Latina, se habían mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial desde que estalló el conflicto en septiembre de 1939. La postura entre los países de América Latina era de no intervención, aunque muchos gobiernos -entre ellos el mexicano- sí condenaron las invasiones de la Alemania nazi.La Alemania nazi de Adolf Hitler no mostró un plan claro para incluir a México en su bando, pero hubo algunos intentos de inteligencia. Pero el ataque de Japón a la base estadounidense de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, cambió las cosas. Estados Unidos entró en la guerra y los países del continente comenzaron a enfrentar presiones para definirse. México, siendo el país a las puertas del territorio estadounidense, estaba en una posición compleja. “Estados Unidos hace un montón de informes de inteligencia y se los manda a México. Había nombres de empresarios, de políticos, de descendientes de alemanes”, señala Valdez. En esas circunstancias se dio el hundimiento de los buques petroleros mexicanos por parte de submarinos alemanes que ya tenían presencia en aguas cercanas a los países de América. El Faja de Oro sufrió una suerte similar al Potrero del Llano: el 20 de mayo, un submarino alemán U-106 hundió al barco en el estrecho de Florida y murieron 9 de los 37 tripulantes. “El hundimiento de los barcos mexicanos no es un caso aislado”, le explica a BBC Mundo el historiador Veremundo Carrillo-Reveles, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). “Hay toda una estrategia por parte del ejército alemán por tratar de cortar todos los suministros que se están enviando, de petróleo y de otros productos básicos, hacia Inglaterra”, añade.Barcos de Argentina, Brasil, Cuba, Colombia y Venezuela también fueron hundidos en el Atlántico. La declaración de guerra Ante la nula respuesta alemana a la exigencia de compensación por parte de México, el gobierno de Manuel Ávila Camacho pidió al Congreso una declaración de guerra. “Se declara que, a partir del día 22 de mayo de 1942, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos Mexicanos y Alemania, Italia y Japón”, establecía el documento. “El 13 de mayo el ataque vino. No decidido y franco, sino desleal, embozado y cobarde, asestado entre las tinieblas y con la confianza absoluta en la impunidad. Una semana más tarde se repitió el atentado frente a esta reiterada agresión, que vulnera todas las normas del derecho de gentes y que implica un ultraje sangriento para nuestra patria”, le dijo el presidente Ávila Camacho a la nación.En los hechos, el país no esperaba ni tenía capacidad de enviar una fuerza militar al frentede batalla en Europa, Asia o los océanos, pues el ejército mexicano en realidad era muy limitado. Había unos 50.000 efectivos que no conformaban brigadas ni divisiones, y la aviación contaba con solo 25 aviones, por lo que no había posibilidades de abrir una ofensiva. La defensa del país era igual de limitada. “El país no tenía fuerza antiaérea para repeler cualquier ataque del Pacífico”, señala Valdez, pues la principal preocupación del momento era la llegada de Japón a las costas mexicanas. Si bien para EE.UU. era bueno contar con México entre los aliados, la endeble posición militar del país se convirtió en una situación de cuidado.La declaracón de estado de guerra de México se conserva en el Archivo General de la Nación de México. “Para Estados Unidos esto es terrible, porque desconfían plenamente del gobierno mexicano y de su ejército. Entonces lo primero que comienzan a hacer es a sugerirle a México que transforme determinados rasgos de sus fuerzas armadas”, explica Valdez. A través de la Ley de Préstamos y Arrendamientos, EE.UU. empezó a ofrecer recursos económicos, provisiones militares y asistencia técnica para reforzar la posición de México. “México modifica totalmente su sistema de defensa, creando tres comandos: Pacífico, Golfo e Istmo. Teníamos cubierta la posible invasión japonesa por el Pacífico, resguardando el petróleo en el golfo de México, y el Istmo por la posible entrada por Centroamérica”, explica Valdez. Una lanzadera de desarrollo Además del mejoramiento militar, México vivió a partir de la entrada en la guerra un momento único de desarrollo económico que transformaría la realidad del país en poco tiempo. Y es que el país entró en una época de industrialización que en los esfuerzos de guerra era muy necesaria para proveer a Estados Unidos y los aliados de recursos. “Fue un momento crucial para la historia del siglo XX mexicano, porque se acelera tu industrialización por las necesidades de la guerra”, explica Carrillo-Reveles.El presidente Manuel Ávila Camacho encontró una punto de apoyo importante para negociar con EE.UU. al ser México un país estratégico en la región. “Entran muchísimas divisas que ayudan a que el país tenga un despegue”, añade. Además, comenzó el programa “Braceros” que permitió a decenas de miles de mexicanos trabajar legalmente en Estados Unidos, lo que dio pie a la primera gran migración a ese país. “Se van a trabajar no solo en los campos agrícolas, sino también en los ferrocarriles, en la industria”. Estados Unidos no podía permitirse que el país vecino cayera en el bando contrario, por lo que le dedicó buena parte de su atención. “Probablemente hubo cierta dosis de presión norteamericana para entrar [en la guerra]. Pero lo que no deja de llamar la atención es cómo estos políticos mexicanos aprovechan ese contexto para lanzar económicamente a México, que va a irse consolidando en los siguientes años”, señala Valdez. En los siguientes 20 años, México vivió un crecimiento económico notable que llegó a llamarse el “milagro mexicano”.Estados Unidos dio la bienvenida a miles de trabajadores mexicanos durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de la guerra, “a México lo siguen viendo en el contexto internacional como un país de sombreros y pistolas”, dice Valdez. La vieja enemistad Más allá de los acuerdos políticos, entrar en la guerra no era algo popular para el pueblo mexicano. Una encuesta, de las primeras que hubo en el país, explica Carrillo-Reveles, mostraba que cerca del 70% de los mexicanos no apoyaba el que México participara en la Segunda Guerra Mundial. Y acompañar a Estados Unidos en un esfuerzo bélico era igual de impopular. En la década de 1930 se cumplió un siglo de la anexión de Texas por parte de EE.UU. y estaba por llegar el centenario de la guerra con Estados Unidos en la que México perdió la mitad de su territorio (1848). “Había un sentimiento histórico antiestadounidense muy fuerte, y también antibritánico, porque hay que recordar que después de la expropiación petrolera de 1938, Inglaterra rompe relaciones con México”, señala Carrillo-Reveles.Además, el gobierno mexicano enfrentaba inestabilidad política, tanto por los grupos opositores de los sectores de la izquierda, incluidos los comunistas, como de los derechistas, con grupos alineados a la ideología fascista. La guerra, sin embargo, fue aprovechada por el gobierno para cerrar flancos: “Surge la oportunidad de transformar el discurso de enfrentamiento político que provoca el cardenismo [del gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940] en una política de unidad nacional para los mexicanos”, indica Carrillo-Reveles. Y hubo una muy intensa campaña de propaganda gubernamental -apoyada desde EE.UU., advierte Valdez- para convencer a los mexicanos de las razones de estar con los aliados. “No hay secretaría de Estado mexicana que no haya impreso un cartel donde la bandera mexicana y la norteamericana aparezcan juntas. Pero no necesariamente creo que se haya diluido ese sentimiento en contra de Estados Unidos”, explica el historiador. El Escuadrón 201 en batalla Pese a las limitadas posibilidades de México, el gobierno envió un contingente fuera de su territorio: el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana. Acompañó a la 5ª Fuerza Aérea de EE.UU. en su campaña contra el imperio japonés en Filipinas.El expresidente Lázaro Cárdenas, una figura fuerte del nacionalismo, sirvió para que el gobierno tuviera respaldo popular a la guerra. A pesar de la desconfianza de la contraparte estadounidense, los pilotos mexicanos ejecutaron ataques en picada peligrosos en julio de 1945 en los alrededores de Manila. Su participación se dio a solo unas semanas de que se produjeran los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin al conflicto en Asia. “Fue una contribución mexicana en la medida de sus posibilidades”, explica Valdez. “Ellos entraron en acción de guerra, iban a combatir a los japoneses, tuvieron entusiasmo, tuvieron miedo, Estuvieron en guerra porque México estaba en guerra”, dice el historiador ante la concepción que se creó años después de que la participación mexicana fue simbólica. Aquellos pilotos mexicanos no tenían idea de que estaba por terminar la guerra del Pacífico con una operación altamente secreta para lanzar bombas atómicas.México participó en la campaña que encabezaba Estados Unidos en el Pacífico, en países como Filipinas. Pero más allá de lo que hizo el Escuadrón 201, Carrillo-Reveles destaca cómo México tuvo una contribución importante en la victoria de los aliados a través de todo el apoyo de fuerza laboral e industrial a Estados Unidos. “Contribuyen de manera muy importante a que la economía de Estados Unidos no pare y que pueda mantener incluso a flote a una Europa que está colapsada completamente”, señala. Por mucho tiempo circularon versiones sin sustento, señalan los historiadores, de que Estados Unidos fue el que hundió al Potrero del Llano y el Faja de Oro. “Hoy no hay absolutamente ninguna evidencia de que haya sido Estados Unidos”, apunta Valdez. En cambio, el tiempo mostraría que la guerra fue un momento transformador para México: “Y si se piensa, todo esto es producido por el hundimiento de un barco”.