Espectaculos

Encuentran muerto en su casa al legendario actor Gene Hackman y a su esposa

🔸 Las autoridades descartan, por ahora, la intervención de terceros y mantienen abierta la investigación

#ESPECTÁCULOS | El premiado actor estadounidense Gene Hackman y su esposa, Betsy Arakawa, fueron hallados muertos en su casa de Santa Fe (Nuevo México), informaron las autoridades.

El sheriff del condado de Santa Fe, en Nuevo México, afirmó en un comunicado: “Podemos confirmar que tanto Gene Hackman como su esposa fueron encontrados muertos el miércoles por la tarde en su residencia de Sunset Trail”.

Hackman tenía 95 años y su esposa 63.

“Se trata de una investigación en curso, pero en este momento no creemos que haya habido ningún delito”, dijo el sheriff Adán Mendoza.

Él fue quien comunicó la noticia a los medios locales poco después de la medianoche del miércoles, añadiendo que además de la pareja había muerto también el perro.

Aunque declaró que no había indicios inmediatos de que se tratara de un crimen, Mendoza no proporcionó una causa de la muerte ni dijo cuándo podría haber fallecido la pareja.

“Todo lo que puedo decir es que estamos en medio de una investigación preliminar de la muerte, a la espera de que se apruebe una orden de registro”.

Hackman ganó el Oscar al mejor actor por su papel de Jimmy “Popeye” Doyle en el thriller de William Friedkin “The French Connection” (1971), y otro al mejor actor de reparto por interpretar a Little Bill Daggett en el western de Clint Eastwood “Unforgiven” (1992).

Sus otros papeles nominados al Oscar fueron en la película “Bonnie and Clyde” (1967), en “Never Sang for My Father” (1970) y como agente en “Mississippi Burning” (1988).

“Podía interpretar a cualquiera”
El aclamado actor interpretó más de 100 papeles, incluido el supervillano Lex Luthor en las películas de Superman protagonizadas por Christopher Reeve en los años 1970 y 1980.

Hackman actuó junto a muchos pesos pesados de Hollywood, entre ellos Al Pacino en “Scarecrow” (1973), Gene Wilder en “Young Frankenstein” (1974) y Warren Beatty y Diane Keaton en “Reds” (1981).

También protagonizó las exitosas películas “Runaway Jury” y “The Conversation” de Francis Ford Coppola, así como “The Royal Tenenbaums” de Wes Anderson.

Coppola fue uno de los primeros en rendir homenaje a la estrella fallecida, llamándolo “un gran artista”.

En su cuenta de Instagram, escribió: “Gene Hackman fue un gran actor, inspirador y magnífico en su trabajo y complejidad. Lamento su pérdida y celebro su existencia y contribución”.

El actor de Star Trek, George Takei, publicó en X: “Hemos perdido a uno de los verdaderos gigantes de la pantalla”.

“Gene Hackman podía interpretar a cualquiera, y se podía sentir toda una vida detrás de eso”, escribió. “Podía ser todos y ninguno, una presencia imponente o un ciudadano común y corriente. Así de poderoso era como actor. Se le echará de menos, pero su trabajo vivirá por siempre”.

Además de sus premios Oscar, también obtuvo dos Bafta, cuatro Globos de Oro y un premio del Sindicato de Actores de Cine.

Hizo una aparición cómica interpretando a un senador conservador en “The Birdcage” de 1996 junto a Robin Williams y Nathan Lan, que interpretan a una pareja gay.

Su última aparición en la pantalla grande fue como Monroe Cole en “Welcome to Mooseport” en 2004, después de lo cual se retiró de Hollywood para llevar una vida más tranquila en Nuevo México.

“Los actores tenían que ser guapos”
Nacido en California en 1930, Hackman se alistó en el Cuerpo de Marines de EE.UU. después de mentir sobre su edad a los 16 años, y sirvió durante cuatro años y medio.

Se le destinó a China, Hawái y Japón antes de ser dado de baja en 1951.

Tras su servicio militar, después de vivir y trabajar en Nueva York y estudiar periodismo y producción de televisión en la Universidad de Illinois, decidió regresar a California para perseguir su sueño de ser actor.

Hackman se unió al Pasadena Playhouse en California, donde se hizo amigo de un joven Dustin Hoffman.

“Creo que yo quería ser actor desde que tenía unos 10 años, tal vez incluso más joven que eso”, contó una vez. “Tengo recuerdos de las primeras películas que vi y de actores que admiraba como James Cagney, Errol Flynn, ese tipo de hombres de acción románticos”.

“Cuando vi a esos actores, sentí que podía hacerlo (…) pero siempre estuve convencido de que los actores tenían que ser guapos”.

“Eso me viene de la época en la que Errol Flynn era mi ídolo. Salía del teatro y me sorprendía cuando me miraba en el espejo porque no me parecía a Flynn. Me sentía como él”.

En 1963 regresó a Nueva York y actuó en producciones fuera de Broadway (entre ellas en la comedia “Any Wednesday” del Music Box Theatre) y en papeles menores en televisión.

Pero empezó a hacerse un nombre en los años 70, cuando se convirtió en el protagonista del detective neoyorquino Jimmy “Popeye” Doyle en “The French Connection”.

A partir de entonces, se convirtió en un elemento fijo de la gran pantalla en películas como la cinta de catástrofe de 1972 “The Poseidon Adventure”.

También apareció en “Children From Their Games” en el antiguo Teatro Morosco, “Poor Richard” en el Teatro Helen Hayes y “The Natural Look” en el Teatro Longacre, antes de regresar en 1992 para interpretar “Death And The Maiden” en el Teatro Brooks Atkinson.

“No voy a actuar más”
Hackman y su primera esposa, Faye Maltese, estuvieron juntos durante 30 años y criaron a tres hijos antes de divorciarse en 1986.

En sus últimos años, él y su segunda esposa, Betsy, se mantuvieron alejados de los focos de atención, salvo por una rara aparición pública juntos en los Globos de Oro de 2003, donde Hackman ganó el premio Cecil B. deMille.

En 2008, le dijo a la agencia Reuters que, a pesar de que no iba a haber un anuncio oficial, él ya no iba a actuar más.

“En los últimos años me han dicho que no lo diga, en caso de que surja algún papel realmente maravilloso, pero realmente no quiero hacerlo más”.

También explicó que estaba centrando su atención lejos de la pantalla grande y en su pasión más tranquila y calmada de escribir novelas.

“Me formaron para ser actor, no una estrella. Me formaron para interpretar papeles, no para tratar con la fama, los agentes, los abogados y la prensa”, declaró una vez.

“Me cuesta mucho emocionalmente verme en la pantalla. Pienso en mí y me siento muy joven, y luego miro a este hombre mayor con la barbilla holgada y los ojos cansados y las entradas en el cabello y todo eso”.

Después de dejar la actuación, se ganó una nueva reputación como escritor de ficción histórica.

Escribió cuatro libros junto a Daniel Lenihan: “Wake of the Perdido Star” (1999), “Justice for None” (2004), “Vermillion” (2004) y “Escape from Andersonville” (2008).

Luego escribió dos obras en solitario: “Payback at Morning Peak” (2011) y “Pursuit” (2013).

Y a pesar de haber hecho más de 100 películas y de escribir novelas, Hackman también logró convertirse en un golfista competente y un pintor respetado.

No solo eso, también pudo desempeñarse en la pista de carreras conduciendo autos de Fórmula Ford y participando en la carrera de resistencia de Daytona de 1983.

A lo largo de su carrera concedió pocas entrevistas y evitó el estilo de vida de celebridad.

“Si te ves a ti mismo como una estrella”, dijo una vez, “ya has perdido algo en la representación de cualquier ser humano”.

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Cultural

Los ataques de la Alemania nazi que llevaron a México a entrar en la Segunda Guerra Mundial hace 80 años (y el momento transformador que generó para el país)Pero el suceso a la postre también representaría un parteaguas de una época transformadora para la sociedad y economía mexicana. “Si algo cambió la cara de México en el siglo XX, fue la entrada a la Segunda Guerra Mundial”, le dice a BBC Mundo el historiador César Valdez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Y es que el hundimiento del Potrero del Llano -y otro buque más, el Faja de Oro, siete días después- llevaron al México de la preguerra, con un desarrollo lento, a industrializarse y sentar las bases de lo que hoy es un vigoroso intercambio económico con Estados Unidos. Una potencia con la que comparte frontera y que hasta ese entonces despertaba un gran sentimiento de antagonismo entre los mexicanos de la época. Los hundimientos México, al igual que muchos países de América Latina, se habían mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial desde que estalló el conflicto en septiembre de 1939. La postura entre los países de América Latina era de no intervención, aunque muchos gobiernos -entre ellos el mexicano- sí condenaron las invasiones de la Alemania nazi.La Alemania nazi de Adolf Hitler no mostró un plan claro para incluir a México en su bando, pero hubo algunos intentos de inteligencia. Pero el ataque de Japón a la base estadounidense de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, cambió las cosas. Estados Unidos entró en la guerra y los países del continente comenzaron a enfrentar presiones para definirse. México, siendo el país a las puertas del territorio estadounidense, estaba en una posición compleja. “Estados Unidos hace un montón de informes de inteligencia y se los manda a México. Había nombres de empresarios, de políticos, de descendientes de alemanes”, señala Valdez. En esas circunstancias se dio el hundimiento de los buques petroleros mexicanos por parte de submarinos alemanes que ya tenían presencia en aguas cercanas a los países de América. El Faja de Oro sufrió una suerte similar al Potrero del Llano: el 20 de mayo, un submarino alemán U-106 hundió al barco en el estrecho de Florida y murieron 9 de los 37 tripulantes. “El hundimiento de los barcos mexicanos no es un caso aislado”, le explica a BBC Mundo el historiador Veremundo Carrillo-Reveles, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). “Hay toda una estrategia por parte del ejército alemán por tratar de cortar todos los suministros que se están enviando, de petróleo y de otros productos básicos, hacia Inglaterra”, añade.Barcos de Argentina, Brasil, Cuba, Colombia y Venezuela también fueron hundidos en el Atlántico. La declaración de guerra Ante la nula respuesta alemana a la exigencia de compensación por parte de México, el gobierno de Manuel Ávila Camacho pidió al Congreso una declaración de guerra. “Se declara que, a partir del día 22 de mayo de 1942, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos Mexicanos y Alemania, Italia y Japón”, establecía el documento. “El 13 de mayo el ataque vino. No decidido y franco, sino desleal, embozado y cobarde, asestado entre las tinieblas y con la confianza absoluta en la impunidad. Una semana más tarde se repitió el atentado frente a esta reiterada agresión, que vulnera todas las normas del derecho de gentes y que implica un ultraje sangriento para nuestra patria”, le dijo el presidente Ávila Camacho a la nación.En los hechos, el país no esperaba ni tenía capacidad de enviar una fuerza militar al frentede batalla en Europa, Asia o los océanos, pues el ejército mexicano en realidad era muy limitado. Había unos 50.000 efectivos que no conformaban brigadas ni divisiones, y la aviación contaba con solo 25 aviones, por lo que no había posibilidades de abrir una ofensiva. La defensa del país era igual de limitada. “El país no tenía fuerza antiaérea para repeler cualquier ataque del Pacífico”, señala Valdez, pues la principal preocupación del momento era la llegada de Japón a las costas mexicanas. Si bien para EE.UU. era bueno contar con México entre los aliados, la endeble posición militar del país se convirtió en una situación de cuidado.La declaracón de estado de guerra de México se conserva en el Archivo General de la Nación de México. “Para Estados Unidos esto es terrible, porque desconfían plenamente del gobierno mexicano y de su ejército. Entonces lo primero que comienzan a hacer es a sugerirle a México que transforme determinados rasgos de sus fuerzas armadas”, explica Valdez. A través de la Ley de Préstamos y Arrendamientos, EE.UU. empezó a ofrecer recursos económicos, provisiones militares y asistencia técnica para reforzar la posición de México. “México modifica totalmente su sistema de defensa, creando tres comandos: Pacífico, Golfo e Istmo. Teníamos cubierta la posible invasión japonesa por el Pacífico, resguardando el petróleo en el golfo de México, y el Istmo por la posible entrada por Centroamérica”, explica Valdez. Una lanzadera de desarrollo Además del mejoramiento militar, México vivió a partir de la entrada en la guerra un momento único de desarrollo económico que transformaría la realidad del país en poco tiempo. Y es que el país entró en una época de industrialización que en los esfuerzos de guerra era muy necesaria para proveer a Estados Unidos y los aliados de recursos. “Fue un momento crucial para la historia del siglo XX mexicano, porque se acelera tu industrialización por las necesidades de la guerra”, explica Carrillo-Reveles.El presidente Manuel Ávila Camacho encontró una punto de apoyo importante para negociar con EE.UU. al ser México un país estratégico en la región. “Entran muchísimas divisas que ayudan a que el país tenga un despegue”, añade. Además, comenzó el programa “Braceros” que permitió a decenas de miles de mexicanos trabajar legalmente en Estados Unidos, lo que dio pie a la primera gran migración a ese país. “Se van a trabajar no solo en los campos agrícolas, sino también en los ferrocarriles, en la industria”. Estados Unidos no podía permitirse que el país vecino cayera en el bando contrario, por lo que le dedicó buena parte de su atención. “Probablemente hubo cierta dosis de presión norteamericana para entrar [en la guerra]. Pero lo que no deja de llamar la atención es cómo estos políticos mexicanos aprovechan ese contexto para lanzar económicamente a México, que va a irse consolidando en los siguientes años”, señala Valdez. En los siguientes 20 años, México vivió un crecimiento económico notable que llegó a llamarse el “milagro mexicano”.Estados Unidos dio la bienvenida a miles de trabajadores mexicanos durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de la guerra, “a México lo siguen viendo en el contexto internacional como un país de sombreros y pistolas”, dice Valdez. La vieja enemistad Más allá de los acuerdos políticos, entrar en la guerra no era algo popular para el pueblo mexicano. Una encuesta, de las primeras que hubo en el país, explica Carrillo-Reveles, mostraba que cerca del 70% de los mexicanos no apoyaba el que México participara en la Segunda Guerra Mundial. Y acompañar a Estados Unidos en un esfuerzo bélico era igual de impopular. En la década de 1930 se cumplió un siglo de la anexión de Texas por parte de EE.UU. y estaba por llegar el centenario de la guerra con Estados Unidos en la que México perdió la mitad de su territorio (1848). “Había un sentimiento histórico antiestadounidense muy fuerte, y también antibritánico, porque hay que recordar que después de la expropiación petrolera de 1938, Inglaterra rompe relaciones con México”, señala Carrillo-Reveles.Además, el gobierno mexicano enfrentaba inestabilidad política, tanto por los grupos opositores de los sectores de la izquierda, incluidos los comunistas, como de los derechistas, con grupos alineados a la ideología fascista. La guerra, sin embargo, fue aprovechada por el gobierno para cerrar flancos: “Surge la oportunidad de transformar el discurso de enfrentamiento político que provoca el cardenismo [del gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940] en una política de unidad nacional para los mexicanos”, indica Carrillo-Reveles. Y hubo una muy intensa campaña de propaganda gubernamental -apoyada desde EE.UU., advierte Valdez- para convencer a los mexicanos de las razones de estar con los aliados. “No hay secretaría de Estado mexicana que no haya impreso un cartel donde la bandera mexicana y la norteamericana aparezcan juntas. Pero no necesariamente creo que se haya diluido ese sentimiento en contra de Estados Unidos”, explica el historiador. El Escuadrón 201 en batalla Pese a las limitadas posibilidades de México, el gobierno envió un contingente fuera de su territorio: el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana. Acompañó a la 5ª Fuerza Aérea de EE.UU. en su campaña contra el imperio japonés en Filipinas.El expresidente Lázaro Cárdenas, una figura fuerte del nacionalismo, sirvió para que el gobierno tuviera respaldo popular a la guerra. A pesar de la desconfianza de la contraparte estadounidense, los pilotos mexicanos ejecutaron ataques en picada peligrosos en julio de 1945 en los alrededores de Manila. Su participación se dio a solo unas semanas de que se produjeran los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin al conflicto en Asia. “Fue una contribución mexicana en la medida de sus posibilidades”, explica Valdez. “Ellos entraron en acción de guerra, iban a combatir a los japoneses, tuvieron entusiasmo, tuvieron miedo, Estuvieron en guerra porque México estaba en guerra”, dice el historiador ante la concepción que se creó años después de que la participación mexicana fue simbólica. Aquellos pilotos mexicanos no tenían idea de que estaba por terminar la guerra del Pacífico con una operación altamente secreta para lanzar bombas atómicas.México participó en la campaña que encabezaba Estados Unidos en el Pacífico, en países como Filipinas. Pero más allá de lo que hizo el Escuadrón 201, Carrillo-Reveles destaca cómo México tuvo una contribución importante en la victoria de los aliados a través de todo el apoyo de fuerza laboral e industrial a Estados Unidos. “Contribuyen de manera muy importante a que la economía de Estados Unidos no pare y que pueda mantener incluso a flote a una Europa que está colapsada completamente”, señala. Por mucho tiempo circularon versiones sin sustento, señalan los historiadores, de que Estados Unidos fue el que hundió al Potrero del Llano y el Faja de Oro. “Hoy no hay absolutamente ninguna evidencia de que haya sido Estados Unidos”, apunta Valdez. En cambio, el tiempo mostraría que la guerra fue un momento transformador para México: “Y si se piensa, todo esto es producido por el hundimiento de un barco”.