Internacional Local

CANCÚN LIDERA EN CAPACITACIÓN DE TURISMO INTERNACIONAL

La terminal aérea se encuentra, en movilización total de pasajeros (ingresos y salidas), a menos de 20% de diferencia a la baja respecto de los niveles prepandemia.

Cancún, QR. Según estadísticas de la Secretaría de Turismo federal, entre enero y agosto del 2021 ingresaron al país vía aérea un total de 8 millones 656,000 turistas internacionales, es decir, 56.5% más respecto al mismo periodo del 2020.

De ese total, 46.5% de pasajeros internacionales ingresaron a México a través del Aeropuerto Internacional de Cancún, el cual recibió un total 3 millones 884,708 viajeros foráneos durante los primeros nueve meses del año.

A ello se suma que el destino captó 3 millones 034,505 turistas estadounidenses, lo que significa poco más de 45% en relación a los 6 millones 489,302 visitantes del vecino país que se captaron a nivel nacional en el lapso de referencia.

El segundo mercado internacional en importancia por volumen de viajeros es Colombia, con un total de 224,024 visitantes a nivel nacional, de los cuales Cancún captó 113,832 entre enero y agosto de este año, es decir, alrededor de 50% del total.

Brasil, situado en tercer sitio, emitió 190,469 viajeros hacia México, de los cuales 90,149 se internaron en el país a través del Aeropuerto Internacional de Cancún, lo que significa más de 46% del total a nivel nacional.

De Europa, los turistas españoles se sitúan como el cuarto mercado internacional más importante para México con un total de 122,141 viajeros, de los cuales 49,272 arribaron a Cancún en el periodo de referencia, es decir, más de 40 por ciento.

En quinto sitio aparece Ecuador, el tercer país sudamericano en la lista, con un total de 109,258 viajeros, de los cuales la mayor parte ingresaron por el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México con un total de 81,138 pasajeros, pero enseguida se ubica Cancún con un total de 23,662 viajeros, que representan 21% del total captado.

Con los 3.8 millones de viajeros internacionales, Cancún se sitúa por encima del resto de aeropuertos internacionales de todo el país, doblando incluso el volumen total de pasajeros al de la Ciudad de México que reporta un total de 1.4 millones de pasajeros foráneos en el periodo de análisis, seguido de la terminal de Los Cabos con 1 millón de pasajeros.

Recuperación

El reporte estadístico mensual que elabora Aeropuertos del Sureste (Asur), concesionario del aeropuerto de Cancún, refiere que esta terminal se encuentra, en movilización total de pasajeros (ingresos y salidas), a menos de 20% de diferencia a la baja respecto de los niveles prepandemia.

Entre enero y septiembre de este año, el reporte arroja que la histórica caída en movilización de pasajeros se ha venido acortando a razón de más dos dígitos porcentuales mes con mes.

Mientras en julio pasado la diferencia en movilización de pasajeros respecto de los niveles del 2019 era de 23.9%, para agosto el indicador se situó en 21.6% y en septiembre de este año la terminal movilizó 15.6 millones de pasajeros, es decir, 19.5% menos respecto de los 19.3 millones que movilizó el aeropuerto en los primeros 10 meses del 2019.

Riviera Maya prevé cerrar el 2021 con 80% de ocupación

Cancún, QR. El sector empresarial de la Riviera Maya anticipó que con el cambio a color verde en el semáforo epidemiológico estatal el destino alcanzará niveles de 80% de ocupación, al menos durante las fiestas decembrinas de este 2021.

Mientras el semáforo permaneció en amarillo, destinos como Cancún y la Riviera Maya se mantuvieron en los límites de 60% de ocupación hotelera, según lo marcado por autoridades sanitarias; sin embargo, cerca de 200 centros de hospedaje tuvieron que solicitar permisos especiales para poder sobrepasar esos aforos, ya que la demanda permitió registrar picos de hasta 67% de ocupación durante el verano y la Semana Santa pasada, expuso Lenin Amaro Betancourt, presidente del Consejo Coordinador Empresarial de la Riviera Maya.

“El semáforo verde en esta fase, que es algo que hemos manifestado, es importante para poder aumentar el aforo, en consecuencia, habrá mayor ingreso económico para las empresas, mayor recuperación de empleos, debido que hasta ahora hemos podido recuperar 40% de empleos perdidos, y no hemos podido ir en aumento porque estábamos en semáforo amarillo y naranja; el verde nos dará mayor dinamismo siempre y cuando sin bajar la guardia”, explicó.

Previamente, la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya emitió un posicionamiento respecto al cierre de año, en el que refieren que hay optimismo al ver el paulatino crecimiento de la afluencia de visitantes, tanto del mercado nacional como del internacional, especialmente del estadounidense, al que se incorporó hace poco el turismo canadiense con la reanudación de vuelos en septiembre pasado.

Toni Chavez, dirigente de los hoteleros de la Riviera Maya, hizo referencia a las expectativas dadas a conocer por la Secretaría de Turismo federal, la cual anticipa que sólo Air Canada movilizará entre septiembre y diciembre de este año un aproximado de 196,000 pasajeros canadienses, cifra superior a los 171,617 que esa misma compañía transportó entre septiembre y diciembre del 2019.

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Cultural

Los ataques de la Alemania nazi que llevaron a México a entrar en la Segunda Guerra Mundial hace 80 años (y el momento transformador que generó para el país)Pero el suceso a la postre también representaría un parteaguas de una época transformadora para la sociedad y economía mexicana. “Si algo cambió la cara de México en el siglo XX, fue la entrada a la Segunda Guerra Mundial”, le dice a BBC Mundo el historiador César Valdez, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Y es que el hundimiento del Potrero del Llano -y otro buque más, el Faja de Oro, siete días después- llevaron al México de la preguerra, con un desarrollo lento, a industrializarse y sentar las bases de lo que hoy es un vigoroso intercambio económico con Estados Unidos. Una potencia con la que comparte frontera y que hasta ese entonces despertaba un gran sentimiento de antagonismo entre los mexicanos de la época. Los hundimientos México, al igual que muchos países de América Latina, se habían mantenido al margen de la Segunda Guerra Mundial desde que estalló el conflicto en septiembre de 1939. La postura entre los países de América Latina era de no intervención, aunque muchos gobiernos -entre ellos el mexicano- sí condenaron las invasiones de la Alemania nazi.La Alemania nazi de Adolf Hitler no mostró un plan claro para incluir a México en su bando, pero hubo algunos intentos de inteligencia. Pero el ataque de Japón a la base estadounidense de Pearl Harbor, en diciembre de 1941, cambió las cosas. Estados Unidos entró en la guerra y los países del continente comenzaron a enfrentar presiones para definirse. México, siendo el país a las puertas del territorio estadounidense, estaba en una posición compleja. “Estados Unidos hace un montón de informes de inteligencia y se los manda a México. Había nombres de empresarios, de políticos, de descendientes de alemanes”, señala Valdez. En esas circunstancias se dio el hundimiento de los buques petroleros mexicanos por parte de submarinos alemanes que ya tenían presencia en aguas cercanas a los países de América. El Faja de Oro sufrió una suerte similar al Potrero del Llano: el 20 de mayo, un submarino alemán U-106 hundió al barco en el estrecho de Florida y murieron 9 de los 37 tripulantes. “El hundimiento de los barcos mexicanos no es un caso aislado”, le explica a BBC Mundo el historiador Veremundo Carrillo-Reveles, del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM). “Hay toda una estrategia por parte del ejército alemán por tratar de cortar todos los suministros que se están enviando, de petróleo y de otros productos básicos, hacia Inglaterra”, añade.Barcos de Argentina, Brasil, Cuba, Colombia y Venezuela también fueron hundidos en el Atlántico. La declaración de guerra Ante la nula respuesta alemana a la exigencia de compensación por parte de México, el gobierno de Manuel Ávila Camacho pidió al Congreso una declaración de guerra. “Se declara que, a partir del día 22 de mayo de 1942, existe un estado de guerra entre los Estados Unidos Mexicanos y Alemania, Italia y Japón”, establecía el documento. “El 13 de mayo el ataque vino. No decidido y franco, sino desleal, embozado y cobarde, asestado entre las tinieblas y con la confianza absoluta en la impunidad. Una semana más tarde se repitió el atentado frente a esta reiterada agresión, que vulnera todas las normas del derecho de gentes y que implica un ultraje sangriento para nuestra patria”, le dijo el presidente Ávila Camacho a la nación.En los hechos, el país no esperaba ni tenía capacidad de enviar una fuerza militar al frentede batalla en Europa, Asia o los océanos, pues el ejército mexicano en realidad era muy limitado. Había unos 50.000 efectivos que no conformaban brigadas ni divisiones, y la aviación contaba con solo 25 aviones, por lo que no había posibilidades de abrir una ofensiva. La defensa del país era igual de limitada. “El país no tenía fuerza antiaérea para repeler cualquier ataque del Pacífico”, señala Valdez, pues la principal preocupación del momento era la llegada de Japón a las costas mexicanas. Si bien para EE.UU. era bueno contar con México entre los aliados, la endeble posición militar del país se convirtió en una situación de cuidado.La declaracón de estado de guerra de México se conserva en el Archivo General de la Nación de México. “Para Estados Unidos esto es terrible, porque desconfían plenamente del gobierno mexicano y de su ejército. Entonces lo primero que comienzan a hacer es a sugerirle a México que transforme determinados rasgos de sus fuerzas armadas”, explica Valdez. A través de la Ley de Préstamos y Arrendamientos, EE.UU. empezó a ofrecer recursos económicos, provisiones militares y asistencia técnica para reforzar la posición de México. “México modifica totalmente su sistema de defensa, creando tres comandos: Pacífico, Golfo e Istmo. Teníamos cubierta la posible invasión japonesa por el Pacífico, resguardando el petróleo en el golfo de México, y el Istmo por la posible entrada por Centroamérica”, explica Valdez. Una lanzadera de desarrollo Además del mejoramiento militar, México vivió a partir de la entrada en la guerra un momento único de desarrollo económico que transformaría la realidad del país en poco tiempo. Y es que el país entró en una época de industrialización que en los esfuerzos de guerra era muy necesaria para proveer a Estados Unidos y los aliados de recursos. “Fue un momento crucial para la historia del siglo XX mexicano, porque se acelera tu industrialización por las necesidades de la guerra”, explica Carrillo-Reveles.El presidente Manuel Ávila Camacho encontró una punto de apoyo importante para negociar con EE.UU. al ser México un país estratégico en la región. “Entran muchísimas divisas que ayudan a que el país tenga un despegue”, añade. Además, comenzó el programa “Braceros” que permitió a decenas de miles de mexicanos trabajar legalmente en Estados Unidos, lo que dio pie a la primera gran migración a ese país. “Se van a trabajar no solo en los campos agrícolas, sino también en los ferrocarriles, en la industria”. Estados Unidos no podía permitirse que el país vecino cayera en el bando contrario, por lo que le dedicó buena parte de su atención. “Probablemente hubo cierta dosis de presión norteamericana para entrar [en la guerra]. Pero lo que no deja de llamar la atención es cómo estos políticos mexicanos aprovechan ese contexto para lanzar económicamente a México, que va a irse consolidando en los siguientes años”, señala Valdez. En los siguientes 20 años, México vivió un crecimiento económico notable que llegó a llamarse el “milagro mexicano”.Estados Unidos dio la bienvenida a miles de trabajadores mexicanos durante la Segunda Guerra Mundial. Antes de la guerra, “a México lo siguen viendo en el contexto internacional como un país de sombreros y pistolas”, dice Valdez. La vieja enemistad Más allá de los acuerdos políticos, entrar en la guerra no era algo popular para el pueblo mexicano. Una encuesta, de las primeras que hubo en el país, explica Carrillo-Reveles, mostraba que cerca del 70% de los mexicanos no apoyaba el que México participara en la Segunda Guerra Mundial. Y acompañar a Estados Unidos en un esfuerzo bélico era igual de impopular. En la década de 1930 se cumplió un siglo de la anexión de Texas por parte de EE.UU. y estaba por llegar el centenario de la guerra con Estados Unidos en la que México perdió la mitad de su territorio (1848). “Había un sentimiento histórico antiestadounidense muy fuerte, y también antibritánico, porque hay que recordar que después de la expropiación petrolera de 1938, Inglaterra rompe relaciones con México”, señala Carrillo-Reveles.Además, el gobierno mexicano enfrentaba inestabilidad política, tanto por los grupos opositores de los sectores de la izquierda, incluidos los comunistas, como de los derechistas, con grupos alineados a la ideología fascista. La guerra, sin embargo, fue aprovechada por el gobierno para cerrar flancos: “Surge la oportunidad de transformar el discurso de enfrentamiento político que provoca el cardenismo [del gobierno de Lázaro Cárdenas, 1934-1940] en una política de unidad nacional para los mexicanos”, indica Carrillo-Reveles. Y hubo una muy intensa campaña de propaganda gubernamental -apoyada desde EE.UU., advierte Valdez- para convencer a los mexicanos de las razones de estar con los aliados. “No hay secretaría de Estado mexicana que no haya impreso un cartel donde la bandera mexicana y la norteamericana aparezcan juntas. Pero no necesariamente creo que se haya diluido ese sentimiento en contra de Estados Unidos”, explica el historiador. El Escuadrón 201 en batalla Pese a las limitadas posibilidades de México, el gobierno envió un contingente fuera de su territorio: el Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana. Acompañó a la 5ª Fuerza Aérea de EE.UU. en su campaña contra el imperio japonés en Filipinas.El expresidente Lázaro Cárdenas, una figura fuerte del nacionalismo, sirvió para que el gobierno tuviera respaldo popular a la guerra. A pesar de la desconfianza de la contraparte estadounidense, los pilotos mexicanos ejecutaron ataques en picada peligrosos en julio de 1945 en los alrededores de Manila. Su participación se dio a solo unas semanas de que se produjeran los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki que pusieron fin al conflicto en Asia. “Fue una contribución mexicana en la medida de sus posibilidades”, explica Valdez. “Ellos entraron en acción de guerra, iban a combatir a los japoneses, tuvieron entusiasmo, tuvieron miedo, Estuvieron en guerra porque México estaba en guerra”, dice el historiador ante la concepción que se creó años después de que la participación mexicana fue simbólica. Aquellos pilotos mexicanos no tenían idea de que estaba por terminar la guerra del Pacífico con una operación altamente secreta para lanzar bombas atómicas.México participó en la campaña que encabezaba Estados Unidos en el Pacífico, en países como Filipinas. Pero más allá de lo que hizo el Escuadrón 201, Carrillo-Reveles destaca cómo México tuvo una contribución importante en la victoria de los aliados a través de todo el apoyo de fuerza laboral e industrial a Estados Unidos. “Contribuyen de manera muy importante a que la economía de Estados Unidos no pare y que pueda mantener incluso a flote a una Europa que está colapsada completamente”, señala. Por mucho tiempo circularon versiones sin sustento, señalan los historiadores, de que Estados Unidos fue el que hundió al Potrero del Llano y el Faja de Oro. “Hoy no hay absolutamente ninguna evidencia de que haya sido Estados Unidos”, apunta Valdez. En cambio, el tiempo mostraría que la guerra fue un momento transformador para México: “Y si se piensa, todo esto es producido por el hundimiento de un barco”.